PARTE 2: EL PLAN PERFECTO

de su esposa y la besaba antes de entrar al hotel.

Daniel dejó de respirar.

—No… —susurró—. Eso no puede ser.

Lo abracé mientras sus piernas comenzaban a temblar.

—Lo siento muchísimo, cariño.

Durante varios minutos, mi hijo permaneció sentado frente a la tumba de su abuelo.

No lloró.

Eso me preocupó todavía más.

Finalmente levantó la cabeza.

—¿Desde cuándo?

—No lo sé.

—Llevamos casados tres meses, mamá.

Su voz se quebró.

—Tres meses.

Me senté junto a él.

—No vamos a tomar ninguna decisión mientras estemos así.

Daniel respiró