que Adrian había amado desde antes de casarse conmigo.
Durante años me engañé pensando que el tiempo podía cambiar un corazón.
Tres años.
Cinco.
Diez.
Mientras siguiéramos casados, quizá algún día me miraría de la forma en que yo lo miraba a él.
Hasta que lo vi en el hospital abrazando a Chloe.
Ella lloraba.
—Adrian, no puedo soportar que seas el esposo de otra mujer.
Él le acarició el cabello.
Con una ternura que jamás había usado conmigo.
Y entonces Chloe preguntó:
—Divórciate de Evelyn y cásate conmigo, ¿sí?