Eso no era virtud.
A veces sobrevivir empieza cuando dejamos de preguntarnos cuánto podemos soportar.
Y empezamos a preguntarnos por qué deberíamos soportarlo.
Grace creció.
No fue bailarina.
Para mi sorpresa, odió el ballet a los doce.
—Demasiadas reglas.
Yo me reí.
Después se enamoró de la fotografía.
Viajó.
Estudió.
Se convirtió en documentalista.
A los veinte años hizo un proyecto sobre mujeres que reconstruyen su identidad después de perder una carrera.
Cuando lo vi, lloré.
—¿Está basado en mí?
Ella puso cara inocente.
—No.
—Grace.
—Un poco.
La abracé.