Sergio y Mónica salieron a recoger a sus hijos.
Entré por la puerta del patio.
Mi padre estaba intentando levantar un saco de tierra.
—Papá.
Joaquín se volvió.
El saco cayó al suelo.
—¿Álvaro?
Corrí a abrazarlo.
Sentí lo delgado que estaba.
—¿Por qué no me dijiste que estabas trabajando así?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No queríamos preocuparte,
hijo.
Mi madre apareció en la puerta.
Cuando me vio, comenzó a llorar.
—Mi niño…
La abracé con fuerza.
—Ya estoy aquí, mamá.
Y entonces le hice la pregunta que