varias hojas impresas.
Eran supuestas conversaciones de WhatsApp.
Una decía:
«Papá, ya no puedo manteneros. Sergio se encargará de todo. No me llaméis por dinero».
Miré la fecha.
Aquel día
yo estaba en Berlín cerrando una adquisición empresarial.
Nunca había enviado ese mensaje.
—Esto es falso —susurré.
Mi padre se dejó caer en una silla.
—Entonces nos ha estado mintiendo.
Laura llegó una hora después.
Revisó las transferencias desde mi cuenta.
El dinero había llegado puntualmente todos los meses a una cuenta conjunta de mis padres.
Pero después aparecían retiradas