y movimientos que reconstruir. Después de una semana de revelaciones, aquella lentitud me tranquilizó. Por primera vez nadie me pedía que aceptara una versión porque sí.
Un especialista recibió los originales disponibles para analizar las firmas. Otro revisó los archivos electrónicos y sus metadatos. Martín me pidió que enumerara todos
los lugares donde Ethan podía haber obtenido una copia auténtica de mi firma: declaraciones fiscales, seguros, documentos bancarios y archivos administrativos guardados en nuestro ordenador familiar. La lista era larga. Me hizo comprender lo fácil que resulta tratar una