entendí que esa era la parte más valiosa de la herencia. No una cantidad en una cuenta ni una casa que otra persona ya había elegido. Era el derecho a construir una vida en la que mi silencio nunca volviera a interpretarse automáticamente como consentimiento.
A veces alguien me preguntaba si lamentaba no haber descubierto todo antes. La respuesta cambió con el tiempo. Claro que habría preferido evitar el daño, pero ya no utilizaba el pasado para juzgar a la mujer que había sido. Tomé decisiones con la información