Los seis segundos que revelaron el secreto de mi marido

aparecía en mi cabeza y otros en los que un documento, una calle o una frase devolvían recuerdos inesperados. Ninguna de las dos cosas significaba avanzar o retroceder. Eran simplemente recuerdos. La diferencia era que ya no dictaban mis decisiones. Una tarde encontré una antigua fotografía de nuestro aniversario. No la rompí. Tampoco la coloqué a la vista. La guardé con otros recuerdos.

ber sido feliz en ciertos momentos no anulaba lo ocurrido después, y reconocer lo ocurrido después no me obligaba a negar que alguna vez fui feliz.