años.
Meses después llegó el juicio.
El fiscal proyectó el video completo.
Nadie pudo apartar la mirada cuando Daisy intentaba cubrirse la cabeza mientras lloraba.
Ni cuando Beatrice la empujaba hacia el balcón.
Ni cuando Brenda cerraba la puerta.
El juez habló con voz firme.
—Ninguna tradición, disciplina o autoridad familiar justifica semejante crueldad contra un niño.
La sentencia fue contundente.
Ambos fueron declarados culpables.
Raymond también enfrentó cargos relacionados con las agresiones y los robos descubiertos durante la investigación.
Mitchell pidió verme una última vez.
Nos encontramos en un