y poder.
Pero cuando alguien tiene el valor de defenderla, tarde o temprano encuentra el camino hacia la luz.
Sofía miró a Lupita entre el público y sonrió.
—Nana no es una empleada de mi familia —dijo frente a las cámaras—.
—Nana es mi familia.
Y aquella frase hizo que Lupita llorara.
Porque después de nueve meses de injusticia, finalmente había recuperado su libertad.
Pero, sobre todo, había recuperado a la niña que había criado como a una hija.
Y mientras las cámaras captaban aquel abrazo, nadie volvió a hablar