dijera cosas falsas.
No debía llorar porque podrían interpretarlo como falta de estabilidad.
Aquellas instrucciones me parecieron imposibles.
Me pedían que escuchara a alguien destruir mi imagen como madre y que lo hiciera sin mostrar dolor.
Lucía percibió todo.
Vio las carpetas sobre la mesa.
Escuchó mis conversaciones en voz baja con el abogado.
Notó cada vez que yo sonreía para tranquilizarla aunque apenas pudiera sostenerme.
Yo no sabía que ella estaba prestando tanta atención.
Tampoco sabía lo ocurrido durante el último fin de semana en casa de Andrés.
El