se escuchó un ruido lejano.
Después apareció la voz de Andrés.
No era la voz pausada que había utilizado ante la jueza.
Era dura, alta y llena de desprecio.
—¿Te crees muy lista? —gritaba en la grabación—. Intenta contarle algo a alguien y verás lo que pasa.
Hubo un golpe.
Luego se escuchó la voz de Lucía, muy baja.
—Solo quiero ir con mamá.
—Tu madre no puede salvarte de nada. Es una inútil. Cuando vivas aquí, vas a aprender a obedecer.
Se oyó el sonido de una silla arrastrándose.