decía que una esposa casada no se mudaba a otro país por trabajo. Tú preguntabas si realmente necesitábamos más dinero.
—No era por dinero.
—Nunca lo fue.
—Entonces…
—Era mi sueño.
Silencio.
Vi el momento exacto en que lo entendió.
O quizá simplemente cuando ya no pudo fingir que no lo sabía.
—Olivia…
—Tengo que irme.
—No hemos terminado.
—Yo sí.
Me giré.
Su mano atrapó suavemente mi brazo.
Me quedé inmóvil.
Ethan lo soltó inmediatamente.
—Perdón.
Lo miré.
Por primera vez parecía realmente asustado.
—¿Estás diciendo que quieres divorciarte?