se agachaba y lo arreglaba. En lugar de quejarse o rendirse, seguía adelante. No había ningún dispositivo móvil en su bolsillo, ni distracciones. Su único objetivo era hacer un buen trabajo, y eso era evidente. Su dedicación y esfuerzo comenzaron a resonar en mí, desafiando mis prejuicios.
Reflexiones Sobre el Juicio Precipitado
Siempre había sido cautelosa, sobre todo como mujer sola en mi edad. Había aprendido a ser desconfiada y a no dejar que extraños entraran en mi vida. Pero Álvaro me enseñó que, a veces, los juicios preliminares pueden