frente al mismo lugar.
Sentí náuseas.
Las fechas coincidían.
Tres meses atrás.
El día en que Alejandro me había dicho que su vuelo a Cancún se había retrasado y tendría que pasar la noche fuera.
Tuve que agarrarme del descansabrazos.
Pero entonces vi la tercera fotografía.
Y todo cambió.
Alejandro no aparecía en ella.
Valeria estaba sentada en una cafetería frente a un hombre de unos sesenta años.
Lo reconocí inmediatamente.
Roberto Ramírez.
Mi suegro.
El hombre que llevaba casi dos años sin hablar con Alejandro después de una pelea