Leí aquello dos veces.
Después una tercera.
Mateo me observaba con los ojos llenos de miedo.—¿Papá hizo algo malo?
Guardé rápidamente los documentos.
—No sé.
Era la única respuesta sincera que podía darle.
En ese momento los altavoces volvieron a encenderse.
La voz de Alejandro sonó desde la cabina.
—Valeria, gracias por haber confiado en mí cuando nadie más quiso hacerlo.
Algunos pasajeros volvieron a aplaudir.
Yoya no escuchaba una declaración romántica.
Escuchaba cada palabra como una pista.
—Durante meses —continuó Alejandro— me pediste que esperara hasta tener todas