serio. Guardó unos audífonos, gomitas y un dibujo donde aparecía su papá frente a un avión.
Arriba había escrito con letras enormes y chuecas:
“EL MEJOR PILOTO DEL MUNDO”.
Casi nos descubre antes de abordar.
Alejandro cruzó la terminal a menos de diez metros de nosotros y tuve que jalar a Mateo hacia una tienda de recuerdos.
Nos quedamos fingiendo interés en unos llaveros mientras él pasaba.
Mateo se tapó la boca para no reírse.
—Esto parece película de espías, mamá.
—Pues un espía que hace tanto ruido dura cinco