juntos.
La mañana de nuestra boda, las damas de honor organizaron uno de esos juegos tradicionales que parecen graciosos hasta que alguien decide utilizarlos para humillarte.
Me encerraron en una habitación junto a Camila Ortega.
La “mejor amiga” de Adrián.
Su amiga desde la infancia.
La mujer sobre la que todo el mundo llevaba años diciéndome:
—No seas celosa, ellos son como hermanos.
La regla era sencilla.
Adrián entraría con los ojos vendados.
Tendría que encontrar a la novia únicamente tocando las manos de las mujeres de la habitación.
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