apareció una mesa elegante y una mano de mujer sosteniendo una copa.
En su muñeca brillaba una pulsera de oro con forma de serpiente.
Se me heló la sangre.
Era la pulsera que mi madre me había dejado antes de morir.
La misma que Ricardo me había hecho creer que había perdido durante una mudanza.
Y ahora otra mujer la llevaba puesta mientras cenaba con mi esposo.
PARTE 2
Apenas amaneció, llamé a mi abuelo.
Le conté lo de la videollamada y la pulsera. Permaneció callado durante varios segundos antes