por fin entendió que aquí ya no tiene nada que hacer.
La habitación quedó en silencio.
Yo miré el anillo de Claire, luego a Adrian, y comprendí que había llegado el momento.
Saqué mi teléfono y respondí:
—Tienes razón, Claire. Ya no tengo nada que hacer aquí.
En ese instante, una caravana de vehículos negros se detuvo frente a la entrada principal del hospital.
De ellos bajaron abogados, ejecutivos y miembros del consejo de administración.
El primero en entrar fue mi padre.
Y cuando me vio, inclinó la cabeza delante
EL DÍA QUE MI NOVIO SE COMPROMETIÓ CON OTRA, REVELÉ FRENTE A TODO EL HOSPITAL QUIÉN ERA YO EN REALIDAD