el micrófono.
—Durante mucho tiempo creí que ocultar quién era me permitiría descubrir mi verdadero valor. Hoy sé que nuestro valor no depende de lo que ocultamos ni de lo que heredamos, sino de lo que decidimos hacer cuando finalmente tenemos poder.
El auditorio se levantó para aplaudir.
En algún lugar, entre la multitud, vi a Adrian.
También estaba aplaudiendo.
Pero ya no sentí dolor.
No sentí amor.
Ni siquiera rabia.
Solo gratitud por haber descubierto la verdad antes de entregarle el resto de mi vida.
Porque el día