que había allí, y eso es algo que seguiré haciendo hasta que me muera.
Fui útil y me gustó serlo. No hay nada de malo en eso y lo volvería a hacer.
Pero una bendición se convierte en algo permanente, y algo permanente se convierte en una obligación, y eso sucede tan lentamente que no puedes señalar la semana en que cambió.
Así fue como me enteré de que había cambiado, en tres pequeños pasos a lo largo de dos años.
Primero. En la primavera de 2024, mi amiga Delphine,