de ellos —un joven, de unos veinticinco años, llamado Walt— entró por la cocina cargando un extremo de la mesa del comedor, se detuvo y dijo:
“Señora, ¿quiere que le dejemos algo para sentarse?”
Y yo dije que no, que iba a casa de mi amigo.
Y él dijo: “¿Quieren que les dejemos el café? ¿Para mañana?”
Y yo dije: “No, hijo. Sobre todo no lo del café”.
Y se rió tanto que tuvo que dejar la mesa.
Sacaron trece categorías de muebles de esa casa y los guardaron en