hablábamos, ella orientaba la cámara de su tableta para mostrar solo su rostro sonriente, insistiendo en que todo era maravilloso, que la casa era encantadora, que se sentía muy agradecida,
muy feliz y muy afortunada de tener, por fin, algo de paz. Le creía por completo. ¿Por qué no iba a hacerlo? Había construido aquella casa específicamente para que ella pudiera descansar al fin, y escuchar su voz llena de satisfacción durante esas llamadas fue lo que me ayudó a superar las peores semanas de calor en el