hicieron una oferta.”
Me llamó.
—¿La aceptarás?
—Creo que sí.
—¿Cuánto pagan?
Me reí.
Laura guardó silencio.
Después comenzó a reír también.
—Perdón.
—Viejos hábitos.
—Sí.
Entonces preguntó:
—¿Te gusta?
—Mucho.
—Entonces me da gusto por ti.
Eso era exactamente lo que necesitaba escuchar.
No:
Gracias a Dios.
No:
Entonces ya estamos bien.
Solo:
Me da gusto por ti.
Después añadió:
—Saqué nueve en mi primer proyecto.
—Eso sí es importante.
—Habría sacado diez, pero aparentemente mis estándares de anotación son “de otra generación”.
—Te llamó vieja académicamente.
—Exacto.
Durante