me reí.
—¡Abuelo, pero si estás estupendo!
Me respondió inmediatamente:
—¿Y por qué crees que yo puedo estar estupendo con mi cuerpo, pero tú no?
No supe qué decir.
Se acercó a mí y me tomó de la mano.
—Vamos a hacernos una promesa. Yo dejaré de esconderme por culpa de mi cuerpo envejecido y tú dejarás de esperar a adelgazar para empezar a vivir.
—¿Y si no soy capaz?
—Entonces volveremos a intentarlo. Nadie espera que superes años de miedo en un solo día.
Lentamente, me quité la toalla.