esconder mi cuerpo.
Y fue precisamente en ese instante cuando la cámara capturó la imagen.
Cuando miré la fotografía, automáticamente empecé a buscar todas aquellas cosas que normalmente odiaba de mí misma.
Pero entonces me fijé en la expresión de mi abuelo.
Me miraba con tanto orgullo que parecía que yo fuera la chica más hermosa del mundo.
Y, por primera vez, vi algo diferente en aquella fotografía.
Vi algo más que mi peso.
Vi mi felicidad.
Aquella noche publiqué la fotografía en Facebook.
Tenía miedo de los comentarios.
Uno