a mi bebida.
Una noche, sonrió y me preguntó:
—¿Todavía crees que te amo?
Tomé su mano.
—Sí. Pero lo más importante del amor es la confianza, Daniel. Y nunca debemos volver a perderla.
Él me besó la mano.
Y pensé en algo extraordinario.
Había entrado en aquel laboratorio convencida de que mi marido quería quitarme la vida. Pero lo que comenzó allí fue el descubrimiento de una verdad que devolvió a mi mundo a algunas de las personas más queridas de mi pasado… y me enseñó que ni siquiera