platos, escuché a Marcus emitir un sonido extraño a mis espaldas.
Me di la vuelta y vi que su rostro se había puesto completamente pálido.
—No me siento bien —susurró, aferrándose al borde de la mesa.
Entonces comenzó a sudar.
Grandes gotas de sudor le resbalaban por el rostro, a pesar de que en casa hacía fresco.
Le temblaban las manos mientras intentaba levantarse de la silla.
—Victoria —dijo con dificultad—. Algo anda mal. Creo que necesito ir al hospital.
Pero, antes de que pudiera dar un paso, sus piernas