familiar sorpresa, podrían haberme avisado antes.
Yo no respondí.
Linda miró directamente a su hijo.
—Mary no me ha llamado para desayunar.
Ryan apretó con fuerza el asa de su taza.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
Linda respondió con calma:
—Porque ayer ella vio algo que yo llevaba mucho tiempo temiendo ver.
Ryan se rio, pero su risa sonó seca.
—¿Y ahora qué he hecho?
Intervine.
—Has humillado a mi hija por su cuerpo. Por lo que come. Por su aspecto descuidado. Y lo peor es que lo haces como