Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

tanta prisa —dijo ella—. No querías empezar una nueva vida. Querías llegar al lunes con una imagen nueva.

Adrián apretó la mandíbula.

—Los inversores necesitaban estabilidad.

—¿Y tu solución era anunciar, sin anunciarlo, que tu esposa había sido sustituida?

—Clara entiende este entorno.

Clara soltó una carcajada seca desde la puerta.

—No me metas en eso.

Adrián la ignoró.

—Elena, tú nunca quisiste exponerte. Siempre dijiste que odiabas estas galas.

—Odiaba que me presentaras como decoración.

—Eso no es justo.

—¿No? Durante 8 años corregiste a cualquiera que preguntara por