albaricoquero.
Mi padre se quedó inmóvil de repente.
Miró la fotografía.
Luego la sombra.
Y susurró:
—La encontramos.
Se arrodilló y comenzó a cavar.
Ya no pude seguir escondida.
—¡Papá!
Los dos se dieron la vuelta.
Mi padre cerró los ojos.
—¿Nos seguiste?
—Sí. Y ahora quiero saber qué está pasando.
Durante unos segundos, nadie habló.
Entonces me entregó la fotografía vieja.
En cuanto la vi, se me cortó la respiración.
Era yo.
A los seis años.
De pie junto a ese mismo albaricoquero.
Casi en el mismo lugar donde