concreto en mi casa.
Una factura menos.
Un poco más de dinero para la comida.
La posibilidad de comprar los medicamentos de mi abuela sin tener que decidir qué otro gasto debíamos posponer.
Aquella noche estaba pensando precisamente en eso.
Recordaba las facturas que habíamos dejado sobre la mesa de la cocina y trataba de calcular cuánto dinero quedaría después de pagar lo más urgente.
Sabía que mi abuela intentaría convencerme de que no me preocupara tanto.
Siempre lo hacía.
A veces dejaba de comer una parte de su propia