No quería involucrar a mi abuela.
Ella ya tenía suficientes preocupaciones.
Decidí esperar hasta que se quedara dormida.
Después tomé mi bolso y salí del apartamento.
No tenía un destino complicado en mente.
Pensé en caminar hasta una iglesia cercana.
Necesitaba aire.
Necesitaba salir de aquellas habitaciones donde cada sonido del teléfono me hacía sobresaltarme.
Y, sobre todo, necesitaba comprobar si el sedán seguía apareciendo.
Bajé a la calle.
Comencé a caminar.
Las piernas me pesaban, pero intenté mantener un paso normal.
No quería actuar como si estuviera huyendo de