accidente.
Lo hizo a propósito, cegado por la ira y con la fría seguridad de un hombre convencido de que nadie en su casa se atrevería a enfrentarlo. El café ardiente salpicó la mejilla izquierda de Valeria Morales, descendió por su cuello y empapó la blusa blanca que había elegido para una videollamada con sus clientes. Durante dos largos segundos ni siquiera pudo gritar. Solo sintió fuego.
Entonces llegó el dolor.kara
Valeria derribó la silla al levantarse, corrió hacia el fregadero y abrió el agua fría con las manos