había escrito:
“Primero tengo que asustarla lo suficiente para que deje de discutir.”
Valeria leyó la frase dos veces.
La taza de café no había sido un impulso aislado.
Era parte de algo que llevaba tiempo creciendo.
—¿Crees que quería quedarse con el departamento?
—Sí —respondió Mariana—. Y la agresión puede haber sido un intento de someterte.
Valeria levantó la mirada.
—Entonces no quiero solo el divorcio.
—¿Qué quieres?
—Quiero que todos sepan la verdad.
La noticia apareció una semana después.
No porque Valeria hablara con la prensa, sino porque