Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

a Valeria a compartir la propiedad del departamento.

Que ella solo obedecía sus instrucciones.

Alejandro apretó los dientes.

—Está mintiendo.

—Tal vez. Pero tiene mensajes donde tú le dices qué hacer.

Por primera vez desde su arresto, Alejandro lloró.

No por Valeria.

No por la quemadura.

No por el daño que había causado.

Lloró porque su hermana lo había traicionado antes de que él pudiera traicionarla.

El proceso duró varios meses.

Valeria declaró una sola vez.

Entró al tribunal con una cicatriz tenue en la mejilla izquierda y una serenidad