que, dos meses antes de la ceremonia, Ben se desplomó en su trabajo.
Recibí la llamada a las once de la mañana.
Una compañera suya me dijo que lo habían trasladado al hospital después de perder el conocimiento.
Cuando llegué, lo encontré acostado en una camilla.
Estaba despierto, pero demasiado pálido.
—Tranquila, amor —me dijo—. Seguramente fue el estrés.
Quise