estaba casada con Víctor Medina.
Quince años. Más de lo que dura la paciencia de muchas mujeres.
Conocí a Víctor cuando yo tenía 17. Yo trabajaba como archivista en un bufete, ganando poco, pero aprendiendo mucho: números, detalles, silencio y observación.
A los 18 ya era asistente legal. Y a los 19 me casé.
A los 20 nació nuestro hijo, Tomás.
Mientras muchas personas “soñaban”, yo ahorraba. Mi abuela repetía siempre lo mismo:
“Una mujer debe tener su propio dinero. No secreto… propio.”
Cómo me convertí en “todo” (sin salario,