algo?
—Lo que sea.
—Tengo un último deseo.
—¿Cuál?
Me miró directamente a los ojos.
—Quiero que te cases conmigo.
Durante unos segundos fui incapaz de pronunciar una sola palabra.
Pensé que estaba bromeando.
Pero entonces sonrió débilmente.
—Vamos, Lucas. No quiero llegar al cielo sin haber sido novia al menos una vez.
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
A la mañana siguiente organizamos la boda más pequeña que uno pueda imaginar, allí mismo, en su habitación del hospital.
Me puse una camisa blanca y una corbata en lugar