no esperaba.
La recuperación de mi visión no había salvado nuestro matrimonio.
Lo que nos volvió a acercar fue aprender a reconocer las dificultades del otro, hablar abiertamente sobre sentimientos complejos y aceptar ayuda cuando la necesitábamos.
Y esta vez, sin importar los desafíos que nos esperaran, estábamos decididos a afrontarlos juntos.