desafíos imaginables en la televisión en vivo. Carson era conocido por su serenidad. Sin importar lo que sucediera, siempre parecía tener el control.
Pero esa noche en particular, sucedió algo que ningún productor, director ni miembro del público esperaba.
Johnny Carson dejó de hablar.
El público, compuesto por casi 300 personas, observó cómo la expresión de su rostro cambiaba lentamente. La seguridad que millones habían visto en él durante décadas desapareció. Sus manos, normalmente firmes al contar chistes y presentar invitados, comenzaron a temblar. Las tarjetas que sostenía se agitaron