terrenos accidentados, Magdalena logró ubicar la forja de Ignacio en las afueras de un poblado minero, donde el sonido del yunque anunciaba una labor incesante y digna.
El reencuentro estuvo cargado de emociones encontradas, combinando la sorpresa por los años transcurridos con la alegría inmensa de volver a unir los lazos de sangre rotos por el orgullo.
La solicitud de perdón entre los hermanos
Ignacio escuchó con atención el relato sobre la situación límite de la hacienda y las maquinaciones de don Severo, reconociendo su propia culpa al haberse alejado