llevaba demasiado tiempo enfrentando sola.
Sin embargo, hubo un momento que consideró aún más importante que cualquier gestión práctica.
Con la voz entrecortada, le pidió perdón.
Reconoció que durante años no había sabido valorar todo lo que ella había hecho por él y admitió que había confundido independencia con olvido.
Ella escuchó sus palabras con tranquilidad y, lejos de guardar resentimiento, respondió con una serenidad que terminó emocionándolo aún más.
—Sabía que algún día lo entenderías.
Desde entonces iniciaron una nueva etapa. El acompañamiento dejó de ser ocasional para convertirse