Primero hubo sorpresa.
Después cálculo.
Fue breve, pero lo vio.
—¿Todo eso es tuyo? —preguntó.
—Sí.
—¿Desde antes de conocerme?
—Sí.
Diego apoyó los codos en las rodillas.
—¿Por qué nunca me dijiste?
—Porque quería saber que quien estuviera conmigo no estaba conmigo por eso.
Él pareció herido.
—¿Entonces me pusiste una prueba durante tres años?
—No. Viví como siempre he vivido. Nunca te pedí que demostraras nada.
—Pero ocultaste algo enorme.
—Lo mantuve privado.
—Soy tu esposo.
Valeria soltó el aire lentamente.
La frase volvía otra vez.
Pero esta