no.
Doña Carmen guardó silencio.
—Eso me va a costar trabajo —admitió.
No era una disculpa perfecta.
Pero al menos era una verdad.
Valeria prefirió eso a una frase bonita que nadie pensara cumplir.
Con Diego ocurrió algo parecido.
No recuperaron la luna de miel.
No intentaron repetir Cancún ni reemplazarlo con otro viaje espectacular.
Durante un tiempo ni siquiera hablaron de vacaciones.
Fueron a terapia de pareja por decisión de ambos y separaron con claridad sus gastos personales de los compartidos.
La tarjeta adicional nunca volvió.
Diego comenzó a