en situaciones críticas.
Ella no estaba acostumbrada a recibir tanta atención.
Durante tres años, la mayor parte de las conversaciones sobre su vida habían girado alrededor de qué le gustaba comer a Gabriel o de cómo se encontraba su madre.
Ahora volvía a ser reconocida por su propio trabajo.
El director Salazar apareció al fondo del pasillo.
—Bienvenida a casa, capitana.
Clara sintió que se le humedecían los ojos.
—Gracias por guardar mi puesto.
—No te lo guardé por sentimentalismo. Lo hice porque sabía lo que valías.
La condujo hasta