que sacrificar sus sueños para cuidarme. Pero fui egoísta. Me sentía enferma y asustada, y su presencia me tranquilizaba.
Gabriel no respondió.
—Pensé que tú, al menos, conocías el sacrificio que estaba haciendo.
Aquella noche regresó a casa y buscó el nombre de Clara en internet.
Los resultados aparecieron inmediatamente.
Fotografías.
Entrevistas.
Premios.
Conferencias.
Reconocimientos de seguridad aérea.
Y un titular antiguo:
«Clara Montes, la capitana de Aerolíneas del Sur que desafía los récords de la aviación comercial».
Gabriel leyó el artículo dos veces.
Después encontró otro.
«La piloto Montes