su vida ya no tenía espacio para sus propios sueños.
Al recibir el reconocimiento, sintió que todo aquello quedaba finalmente atrás.
Desde su asiento, Gabriel aplaudía de pie.
Clara lo vio.
Pero no buscó su aprobación.
Aquella victoria era suya.
Esa tarde, Gabriel la encontró en una terraza del centro de convenciones.
Clara contemplaba los aviones que despegaban del aeropuerto a lo lejos.
—Felicidades —dijo él.
—Gracias.
Se hizo un largo silencio.
—He firmado los documentos del divorcio —añadió Gabriel.
Clara se volvió lentamente.
—Lo sé. Mi abogada me avisó.