estoy aprendiendo a hacerlo.
Él pareció recuperar una mínima esperanza.
—Entonces quizá nosotros…
—Perdonarte no significa regresar contigo.
Gabriel se detuvo.
—Lo entiendo.
Y por primera vez, realmente parecía entenderlo.
Clara respiró profundamente.
—Te deseo una buena vida, Gabriel. Pero la mía ya no va a girar alrededor de la tuya.
Seis meses después, Clara dirigía su primer curso internacional de formación para comandantes.
Entre los participantes había pilotos jóvenes, veteranos, hombres y mujeres de diferentes países.
Durante la sesión inaugural, una alumna levantó la mano.
—Capitana Montes, ¿puedo hacerle